martes, 6 de abril de 2010

La crítica cristiana lanza su valoración sobre la primera película dramática de Hannah Montana

A punto de cumplir los dieciocho años y de abandonar la serie de televisión que la ha hecho célebre, Miley Cyrus vuelve a la pantalla grande en una historia que consideran con valores positivos para los adolescentes.

La última canción [The last song] se estrena en España el 16 de abril, pero ya puede verse en Estados Unidos desde este miércoles. Es la primera incursión de Miley Cyrus, la célebre Hannah Montana, en un papel nítidamente dramático. A punto de abandonar la serie, este nuevo giro a su carrera no la aparta de su carrera musical, en la que está cada vez más centrada.

La crítica cristiana norteamericana no ha recibido mal The last song. El film está basado en una novela de Nicholas Sparks, un autor superventas que ya ha llevado al cine varias de sus obras, como Mensaje en una botella (protagonizada por Kevin Costner) o El diario de Noah, ambas también de éxito en nuestro país.

Sparks se ha confesado siempre cristiano, intentando dejar en sus novelas los principios en los que cree. En el caso de La última canción, las primeras reseñas, tanto por parte católica como por las confesiones protestantes evangelistas, ven en la película una aproximación al mundo adolescente distinta a las más corrientes en el cine actual.

«Los personajes buscan el sentido de la vida más en el corazón que en la libido», sintetiza el baptista Phil Boatwright. Por parte católica, Joseph McAleer, de Catholic News Service, afirma que «moralmente hay poco que objetar y mucho que celebrar» en la película, como la fuerza vital del amor, el perdón y la redención.

En La última canción, Miley Cyrus interpreta a una joven que no pudo superar el divorcio de sus padres. Cuando su madre le obliga, contra su voluntad, a pasar un verano con su padre (un hombre que siempre ha frecuentado la iglesia), la adolescente rebelde que es conocerá el amor de otro joven y muchas sensaciones, sentimientos y valores que hasta ahora le habían permanecido escondidos.

McAleer cita que la película ha sido recomendada para adolescentes por la oficina cinematográfica de la Conferencia Episcopal norteamericana, y considerada por otras asociaciones como útil para la labor educativa de los padres.