viernes, 28 de mayo de 2010

El Papa a los obispos italianos: Educar para entrar en relación con el mundo

Con motivo de la Asamblea General de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), reunidos del 24 al 28 de mayo

CIUDAD DEL VATICANO, 27 MAY 2009 (VIS).-El Santo Padre pronunció esta mañana en el Aula del Sínodo, en el Vaticano, un discurso a los miembros de la Asamblea General de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), reunidos del 24 al 28 de mayo para la aprobación de las Orientaciones generales pastorales en el decenio 2010-2020.

"El Espíritu Santo guía la Iglesia en el mundo y en la historia", dijo el Papa. "Gracias a este don del Resucitado, el Señor está presente en el transcurso de los acontecimientos; en el Espíritu podemos reconocer en Cristo el sentido de las vivencias humanas".

"Corroborados por el Espíritu, en continuidad con el camino indicado por el Concilio Vaticano II y en particular con las orientaciones pastorales de la década apenas concluida, habéis elegido la educación como tema principal de los próximos diez años. Ese horizonte temporal es proporcional a la amplitud y radicalidad de la exigencia educativa de hacerse cargo de las nuevas generaciones con una obra de testimonio unitario, integral y sinérgico que ayude a pensar, proponer y vivir la libertad, la belleza y la bondad de la experiencia cristiana".

Benedicto XVI habló a continuación del contexto cultural contemporáneo, donde a veces se pone en entredicho "la dignidad de la persona, la bondad de la vida, el significado de la verdad y del bien" y en el que "más allá del individuo no se reconoce nada que sea definitivo". En esa situación "es ardua e improbable -afirmó- la propuesta a las nuevas generaciones del "pan" de la verdad por el que valga la pena emplear la vida, aceptando cuando sea necesario, el rigor de la disciplina y la fatiga del compromiso".

"Aunque seamos conscientes del peso de esta dificultad no podemos ceder al desaliento y a la resignación. Educar no ha sido nunca fácil, pero no podemos rendirnos: faltaríamos al mandato que el Señor nos confió llamándonos a apacentar con amor a su rebaño. (...) Educar es formar a las nuevas generaciones para que sepan entrar en relación con el mundo, fuertes de una memoria significativa, de un patrimonio interior compartido, de la verdadera sabiduría que, mientras reconoce el fin trascendente de la vida, orienta el pensamiento, los afectos y el juicio".

"La sed que llevan los jóvenes en el corazón -subrayó el Santo Padre- es una exigencia de significado y de relaciones humanas auténticas, que ayuden a no sentirse solos frente a los retos de la vida. (...) Nuestra respuesta es el anuncio del Dios amigo del ser humano, que en Jesús se acercó a cada uno de nosotros. La transmisión de la fe es parte irrenunciable de la formación integral de la persona. (...) El encuentro personal con Jesús es la clave para intuir la relevancia de Dios en la existencia diaria".

En la tarea educativa en ámbito familiar, en la escuela y en la parroquia "es decisiva -dijo- la calidad del testimonio, vía privilegiada de la misión eclesial".

El Papa puso de relieve que "la humilde y dolorosa admisión" de la "debilidad y el pecado de algunos miembros de la Iglesia no debe hacer olvidar sin embargo el servicio gratuito y apasionado de tantos creyentes, a partir de los sacerdotes. El año especial dedicado a ellos ha querido ser una oportunidad para promover la renovación interior, como condición para un compromiso evangélico y ministerial más incisivo".

"Lo que es motivo de escándalo se debe traducir para nosotros -continuó- en un llamada a una necesidad profunda de volver a aprender la penitencia, de aceptar la purificación, de aprender por una parte el perdón y por otra, la necesidad de la justicia".

Benedicto XVI animó a los obispos a "no perder nunca la confianza en los jóvenes, (...) a frecuentar sus ambiente de vida, incluidos los de las nuevas tecnologías de comunicación, que influyen en la cultura en todas sus expresiones. No se trata de adecuar el Evangelio al mundo, sino de sacar del Evangelio aquella novedad perenne, que permite en cada momento encontrar las formas adecuadas para anunciar la Palabra que no caduca, fecundando y sirviendo la existencia humana. Por eso, debemos volver a proponer a los jóvenes la medida alta y trascendente de la vida, entendida como una vocación".

Refiriéndose a la actual "crisis cultural, espiritual y económica", el Papa terminó renovando su llamamiento "a los responsables de la administración pública y a los empresarios a hacer todo lo posible para mitigar los efectos de la crisis del empleo y exhortando a reflexionar sobre las condiciones de una vida buena y llena de significado, que es el fundamento de la credibilidad, instrumento por excelencia de la educación".