lunes, 3 de mayo de 2010

Vivir como un cura

Esta es la frase que suele emplear la gente para referir que vives como un rey. Lo sorprendente es que para vivir tan bien, como al parecer viven, escasean voluntarios. Pero, ¿Qué hay que hacer para poder vivir como un cura? Poca cosa. Lo primero dejar la familia, la profesión o el trabajo…tu vida anterior en definitiva, pues el nuevo Patrón es bastante exigente. Así, tras tan sólo seis años de estudios, posiblemente novedosos respecto a los anteriores si se tienen, ya está uno disponible para que el obispo le envíe durante 5 años, normalmente prorrogables, a la parroquia de un pueblo cuya exacta localización hay que buscar en el Google Maps.

Una vez allí, a cambio de vivienda gratis, o, en otros casos compartida con compañeros, sólo hay que estar disponible 24 horas al día, 7 días a la semana, por si alguien tiene un problema que únicamente le puede contar al cura, por si alguno tiene que pedir algo que sólo un cura le puede dar o por si un vecino, parroquiano o no, decide morirse, que ya se sabe que la gente se muere a la hora que le da la gana. En estos casos es conveniente llamar al cura antes, porque una vez fallecido, ya no tiene objeto la unción de los enfermos.

Es importante mantener un gesto amable durante las 24 horas, y sólamente un 100% de disponibilidad, incluído carnet y coche propio, sin dietas, porque es absolutamente imprescindible no fallar a nadie durante los 40 años de actividad laboral; si no, le tildarán de malaje o cosas peores.

Asimismo, entre sus obligaciones laborales está escuchar con interés los problemas, tragedias y desgracias de todo el mundo, gratis y sin cita previa, y por supuesto intentar resolver el problema consultado o al menos procurarle un consuelo contundente. Por supuesto él, por convenio, no tiene derecho a tener problemas.

Eso cuando no son reproches de la naturaleza que sea.

Debe asumir que será el representante en el pueblo de la institución más criticada y vapuleada del mundo y sobrellevar con agrado largas e inútiles conversaciones con gente que ni le va ni le viene lo de la Iglesia, pero que se creen con derecho a opinar lo que les viene en gana, casi nunca bueno, y a exigir una respuesta argumentada y coherente.

Además, por si fuera poco, "no trabajan" y, cuando lo hacen, es con vino.

Y todo esto por unos escasos 700 € al mes. Seguramente por eso la gente prefiere ser controlador aéreo.

¡ Felices Pascuas !

Rodrigo Sánchez Ger. La Voz de Cádiz. 3.04.2010