viernes, 23 de julio de 2010

20 países apoyan a Italia por la Sentencia con los crucifijos

Reproducimos el comunicado del European Center for Law and Justice publicado ayer en el Osservatore Romano, en el que se recoje el apoyo a Italia por parte de 20 países, frente a la sentencia que le obliga a retirar los crucifijos de colegios públicos

El caso Lautsi contra Italia, más conocido como ''caso de los crucifijos'' tiene una importancia considerable. No sólo política y jurídica, sino espiritual. Este caso se ha convertido en un símbolo en el conflicto actual relativo al futuro de la identidad cultrarl y religiosa de Europa. Este conflicto opone a partidarios de la secularización completa de la sociedad y a los que defienden una Europa abierta y fiel a su identidad profunda. Frente a esta tentativa de 'descristianización' de los europeos, veinte países en una medida realmente sin precedentes, se han unido a Italia para reafirmar la legitimidad particular del Cristianismo en la sociedad e identidad europea.

El caso Lautsi ha escandalizado a toda Europa después de la condena a Italia por la Corte Europea de Derechos Humanos, con motivo de que la presencia de crucifijos en las aulas de escuelas públicas violaría los “derechos del Hombre”, y más precisamente la convicción de los padres de alumnos a sus derecho de que sus hijos reciban una enseñanza conforme a sus convicciones filosóficas. Hasta entonces, la Corte había considerado a la inversa, que los estados son libres en este ámbito, que conviene respetar su cultura y tradición, y que el solo límite que no se debe sobrepasar era de someter a los alumnos a un adoctrinamiento o proselitismo abusivos. Así, según la Corte, los estados europeos deberían ser de ahora en adelante areligiosos (neutralidad confesional) para servir al ''pluralismo'', el cual sería el resorte constitutivo de la ''sociedad democrática”.

En otras palabras, como subraya Grégor Puppinck, ''la Corte afirma en el auto Lautsi que una sociedad, para ser democrática, tiene que renunciar a su identidad religiosa: es secularismo puro”.

Italia apeló esta decisión delante de la Gran Sala de la Corte de Estrasburgo. Esta apelación ha sido oído el pasado 30 de junio. El veredicto de la Corte se espera en otoño.

Tres semanas después de la audiencia delante de la Gran Sala de la Corte de Estrasbugo, parece que cada día más netamente una victoria realmente considerable se ha conseguido contra la dinámica de la secularización. Si, jurídicamente, Italia no ha ganado todavía, políticamente hablando, ha logrado de hecho una victoria magistral. Efectivamente, a día de hoy, no menos de veinte países han acercado su apoyo oficial a Italia defendiendo públicamente la legitimidad de la presencia de símbolos cristianos en la sociedad, notoriamente en los colegios.


En un primer tiempo, diex países entraron en el Caso Lautsi como 'terceros' (amicus curiae). Cada uno de estos países -Armenia, Bulgaria, Chipre, Grecia, Lituani, Malta, Mónaco, Rumanía, Federación Rusa y San Marino- entregó a la Corte una memoria invitando a reconsiderar la primera decisión. Esas memorias no sólo tienen un interés jurídico, sino que son primero importante testimonio de defensa de su patrimonio y de su identidad frente a la imposición de un modelo cultural único. Lituania por ejemplo, no ha reparado en comparar la sentencia Lautsi con la persecución religiosa que ha padecido y que se manifestaba notablemente en la prohibición de símbolos religiosos.

A esos diez países, otros diez se han sumado a día de hoy. Efectivamente los gobiernos de Albania, Austria, Croacia, Hungría, Macedonia, Moldavia, Polonia, Serbia, Eslovaquia y Ucrania han cuestionado públicamente el juicio de la Corte y demandado que las identidades y tradiciones religiosas nacionales sean respetadas. Varios gobiernos han insistido en el hecho que esta identidad religiosa está en el origen de los valores y unidad europeas.

Así, con Italia, ya es casi la mitad de los estados miembros del Consejo de Europa (21 de 47) que se ha opuesto públicamente a esta tentativa de secularización forzada de las escuelas y que ha afirmado la legitimidad social del cristianismo en la sociedad europea. Detrás de los argumentos reales de defensa de las identidades, de las culturas y tradiciones cristianas nacionales, estos veinte estados han afirmado y defendido públicamente su acervo al Cristo mismo; han recordad que es conforme al bien común que Cristo esté presente y sea honrado en la sociedad.

Esta coalición que agrupa a prácticamente toda Europa central y oriental, hace aparecer la permanencia de una división cultural interna en Europa; muestra también que esta división puede ser superada como atestigua la importancia del apoyo aportado a Italia por países de tradición Ortodoxa, sin importar la orientación política del momento. La importancia del sostenimiento de países de tradición Ortodoxa resulta en gran parte por la determinación del Patriarcado de Moscú de defenderse del progreso del secularismo. Poniendo por obra la demanda del Patriarca de Cirilo de Moscú en visos de “unir a las Iglesias cristianas contra el avance del secularismo”, el Metropolita Hilarión ha propuesto la constitución de una “alianza estratégica entre Católicos y Ortodoxos” para defender juntos la tradición cristiana contra “el secularismo, el liberalismo y el relativismo que prevalecen en la Europa moderna” (“inside the Vatican”, 24 de abril de 2005).

Este fenómeno importante indica que la “transición democrática” en el Este no se ha acompañado de una “transición cultural”, largamente deseada por el oeste. Asistimos hoy más bien a un movimiento inverso de reafirmación identitaria que pasa por una forma de restauración del modelo ortodoxo de relación entre Iglesia y poder civil.

Además, este apoyo masivo venido del Este es susceptible de anunciar una revolución en la dinámica de construcción cultural de la unidad europea. Efectivamente, siempre se ha pensado que la unidad europea se haría irremediablemente de Oeste a Este, por una “Conquista del Este” al liberalismo económico y cultural occidental. Sin embargo, por un raro acontecimiento, el caso Lautsi ha provocado un movimiento inverso de Este al Oeste. El Este de Europa, apoyándose en la católicismo, se opone al Oeste por la defensa de la cultura cristiana y de una justa concepción de la libertad religiosa. Como resalta Gregor Puppinck, director del European Center for Law and Justice “manifiestamente, los defensores del materialismo ya no están donde solían estar”.

Tomado de La Gaceta de la Iglesia