martes, 10 de agosto de 2010

Tres problemas de hoy a la luz de la encíclica Cáritas in veritate

La encíclica “Caridad en la verdad” acaba de cumplir un año. En ella descubre el Papa algunos fenómenos y desafíos que requieren una mayor responsabilidad moral por parte de los individuos y de los órganos de gobierno. Baste ahora con recordar tres de ellos.

En primer lugar aparece la dimensión mundial de la crisis económica. Su solución no puede venir del egoísmo personal o político. La crisis puede ofrecer una oportunidad para el ejercicio de la solidaridad. De hecho, “la ayuda al desarrollo de los países pobres debe considerarse un verdadero instrumento de creación de riqueza para todos” (CV 60).

Ante la crisis mundial se impone más que nunca la apelación a los principios de solidaridad y de subsidiariedad, tan queridos por la doctrina social de la Iglesia.
En el discurso que pronunció en la sede de la FAO el 16 de noviembre de 2009, Benedicto XVI, ha afirmado que “en la actual situación persiste todavía un nivel de desarrollo desigual entre y en las naciones, que determina, en muchas áreas del planeta, condiciones de precariedad, acentuando la contraposición entre pobreza y riqueza”.

El segundo problema mencionado en la encíclica es la necesidad de la educación. Entendida como formación completa de la persona, la educación es una condición esencial para la eficacia de la colaboración entre los pueblos. En consecuencia, la solidaridad internacional ha de facilitar a los países en vías de desarrollo un mayor y mejor acceso a la educación (CV 61).

Dirigiéndose a los universitarios romanos el 17 de diciembre de 2009, el Papa citaba de nuevo su encíclica Caritas in veritate y animaba a las instituciones académicas a “colaborar en la construcción de comunidades en las que todos los jóvenes puedan formarse para ser hombres maduros y responsables a fin de realizar la civilización del amor”.

En tercer lugar, se alude a las migraciones. El fenómeno es antiguo. Pero en este momento es especialmente grave “por sus dimensiones, por los problemas sociales, económicos, políticos, culturales y religiosos que suscita, y por los dramáticos desafíos que plantea a las comunidades nacionales y a la comunidad internacional”.

Según el Papa, es hora de ver a los trabajadores extranjeros no sólo como un problema, sino como un factor de desarrollo económico para el país de origen y el país de destino (CV 62). Evocando de nuevo la encíclica, el Papa decía el 9 de noviembre del 2009 al Congreso mundial sobre la pastoral de los emigrantes y refugiados: “Las migraciones nos invitan a poner de relieve la unidad de la familia humana y el valor de la acogida, de la hospitalidad y del amor al prójimo. Pero este debe traducirse en gestos diarios de comunión, de participación y de solicitud por los demás, especialmente por los necesitados”.

Así pues, las migraciones no son una amenaza sino una espléndida ocasión para el encuentro de las personas y de las culturas.

José-Román Flecha Andrés

Tomado de La Gaceta de la Iglesia