miércoles, 26 de diciembre de 2012

El buey y el asno en el Belén: artículo de José-Román Flecha Andrés en Diario de León (22-12-2012)

Todavía este fin de semana algún periodista escribía que el Portal de Belén del Vaticano incluye la mula y el buey, “pese a que Benedicto decretó que no estuvieran en el nacimiento de Jesús”. Pero ¿quién se ha inventado ese decreto que nunca existió?

En su libro “La infancia de Jesús” el Papa dice lo que sabe todo el que ha leído el relato del nacimiento de Jesús según el texto atribuido a San Lucas: “En el Evangelio no se habla en este caso de animales”. Pero la meditación cristiana pronto los puso en torno al pesebre. De hecho, aparecen ya en un sarcófago del Museo de Letrán que se remonta al siglo IV.

La inclusión del buey y el asno venía sugerida por la referencia evangélica al pesebre. Y tenía además un fundamento bíblico que recoge el Papa. El profeta Isaías había puesto en boca de Dios esta denuncia contra su pueblo: “El buey conoce a su amo, y el asno el pesebre de su dueño; Israel no me conoce, mi pueblo no comprende” (Is,1,3).


Junto a este oráculo, el Papa menciona también un anuncio que se encuentra en la versión griega de Habacuc: “En medio de dos seres vivientes… serás conocido; cuando haya llegado el tiempo aparecerás” (Hab 3,2). Originariamente, los dos seres vivientes podían referirse a los querubines que cubrían con sus alas el Arca de la Alianza.

No se debería olvidar esa doble referencia. Según el primer texto, la humanidad puede estar al lado del misterio y, sin embargo, ignorarlo. Si ese fue en algunas ocasiones el pecado de Israel, no debería repetirse en el seno de la comunidad cristiana. El buey y la mula nos recuerdan la necesidad de reconocer a Dios en Jesús, que nace entre nosotros.

El segundo texto es igualmente profundo. La profecía de Habacuc anuncia un tiempo en el que Dios será conocido y venerado por la alianza que ha ofrecido a su pueblo. Ahora bien, la fe cristiana afirma que en Jesús ha llegado a su plenitud la elección y la alianza de Dios. Jesús es el arca de la Nueva Alianza. Al venerarlo a Él adoramos a Dios.

El Papa concluye que el asno y el buey aparecen como una representación de la humanidad, desprovista de entendimiento para los misterios sagrados, pero que ante el Niño que nace en Belén recibe una nueva luz. Gracias a esa luz de la fe descubrimos en Jesús al Salvador y, de paso, el sentido mismo de nuestra vida.
Así pues, el comentario del Papa a propósito del asno y el buey es tan bello como profundo. Y, sobre todo, es muy actual en un momento en el que muchos tienen dificultades o resistencias para acercarse al Misterio. Muchos dicen no necesitar la salvación. Y otros buscan una salvación sin Salvador.

Tal vez por eso algunos han preferido la frivolidad a la belleza del mensaje profético y a la hondura de su mensaje. Pero la breve divagación del Papa sobre este tema concluye diciendo: “Ninguna representación del nacimiento renunciará al buey y al asno”. Así pues, no ha habido tal “decreto”.


José-Román Flecha Andrés

Fuente: Ecclesia digital