viernes, 25 de enero de 2013

La odisea de Emanuel, historia de un niño etíope para ayudar a su familia

De cara a la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, mostramos un reportaje elaborado por Eva María Kolmann de AIN, sobre un niño etíope, de 13 años, que emigró a Yemen para trabajar y enviar dinero a su familia. 


La odisea de Emanuel

Cada año, 25.000 jóvenes, hombres y mujeres, abandonan Etiopía con el objetivo de encontrar trabajo en el extranjero y ayudar a sus familias. La realidad es bien distinta: son explotados, se abusan sexualmente de ellos y les niegan su salario. El 13 de enero, la Iglesia católica celebra el 99º «Día Mundial del Emigrante y del Refugiado». En su mensaje, el Papa Benedicto XVI condena la trata de seres humanos y la explotación.

Eva-Maria Kolmann

Emanuel tenía 13 años cuando, con la bendición de sus padres y 90 euros en el bolsillo, abandonó su puedo natal del norte de Etiopía, para buscar trabajo en Yemen o en Arabia Saudí. Pagó a un intermediario prácticamente todo su dinero para que le llevara más allá de la frontera, a Somalia. Desde allí tenía previsto legar a Yemen, donde le habían prometido un puesto de trabajo en una gran empresa de la construcción. En lugar de ello le esperaba una odisea por Etiopía, en la que Emanuel sufrió constantemente hambre. Cuando, por fin, llegó a la ciudad portuaria somalí de Bossaso, le obligaron a subirse a una barca de pescadores. Pagó el pasaje con el dinero que le había quedado. La barca ofrecía espacio, en condiciones normales, para un máximo de 50 personas; sin embargo, los traficantes de seres humanos hacinaron allí a 250: disponían de tan poco espacio que no podían estirar las piernas ni apenas respirar. Cuando el barco llegó a Yemen, tres días más tarde, muchos de los emigrantes ilegales no estaban ya con vida: los traficantes les ordenaron saltar al agua varios kilómetros antes de alcanzar la costa, para que ellos mismos no tuvieran problemas con la policía costera yemení. Sin embargo, muchos de los hombres, mujeres y niños que iban a bordo no sabían nadar y se ahogaron.

Otros habían sido echados al agua por los traficantes en mar abierto, para que el sobrecargado barco no volcara. Cuando llegó a Yemen, Emanuel se dio cuenta de que los traficantes le habían engañado: nadie le esperaba en la costa para llevarle a su nuevo patrono. Estaba completamente solo y llevaba tres días sin comer nada. Siguió a un grupo de emigrantes etíopes a la ciudad. Después de pasar algunos días en la calle, le contrató un granjero yemení. En su granja, el muchacho de 13 años hacía los trabajos más duros, muchas veces durante más de 15 horas al día. Nunca vio su salario. Después de cinco meses consiguió escapar, aunque tras varias semanas, en las que pasó hambre y perdió toda esperanza, le detuvo la policía y le devolvió a Etiopía, solo con lo que llevaba puesto.

El muchacho no quiere volver con su familia, por la vergüenza que le causa el supuesto fracaso. “¿Qué diría mi padre? ¿Qué diría la gente en mi pueblo si vuelvo con las manos vacías? Mi padre vendió las pocas cabras que tenía y sus pertenencias, para pagar al intermediario. Ahora, mi familia no tiene nada; todos esperan que envíe dinero a casa. ¿Cómo podría volver así?”, dice. En vez de ello quiere buscar trabajo en Dire Dawa o en Jijiga, en la región fronteriza con Somalia.

“Cuando haya ahorrado suficiente, enviaré dinero a mi familia y volveré a intentar de nuevo ir a Yemen”, resume.

El Secretario General de la Conferencia Episcopal católica de Etiopía, P. Hagos Hayish, conoce muchas historias como esta. “Es para llorar”, dice. Y añade que incluso conoce casos de mujeres que han vuelto a su lugar natal con las manos cortadas porque sus patronos de Arabia Saudí les acusaron de hurto.

La Iglesia católica en Etiopía intenta informar a los jóvenes sobre los peligros de la emigración y sobre todo de la trata de seres humanos, para que no se dejen atraer por falsas promesas. Además, la Iglesia se ocupa de las víctimas de la trata de seres humanos, al igual que de los numerosos refugiados que llegan a Etiopía, procedentes de países vecinos como Somalia y Sudán del Sur. La Fundación católica internacional «Ayuda a la Iglesia Necesitada» apoya varios proyectos que la Iglesia católica ha iniciado en Etiopía en favor de emigrantes y refugiados, así como numerosos proyectos para refugiados en todo el mundo.

Fuente: Ecclesia digital