jueves, 21 de febrero de 2013

¿Cómo y cuándo nacieron los Cónclaves?: El Cónclave de Viterbo y sus precedentes

La renuncia de Benedicto XVI al pontificado romano a partir del 28 de febrero abre las puertas al Cónclave que elegirá su sucesor a partir del 15 ó 16 de marzo

El vocablo “cónclave” es una palabra de origen latino admitida en el uso de la lengua española y definida por la RAE como “junta de cardenales de la Iglesia Católica, reunida para elegir al Papa”. La segunda acepción de “cónclave”, cuyo significado etimológico es “lo que se cierra con llave”, define a esta palabra como el “lugar donde se reúnen los cardenales para elegir Papa“.

Los orígenes

La elección del Obispo de Roma -y, por ende, el pastor supremo de la Iglesia Universal- experimento durante el primer milenio del cristianismo algunas oscilaciones. Entre los siglos I al IV, años y centurias de implantación primera, de catacumbas y de persecución, el clero y el pueblo cristiano de Roma elegían a quien había de ser su pastor, generalmente un diácono, quien debía ser ordenado obispo. El clero y el pueblo romano continuaron como electores de su obispo en los siglos IV al VIII, si bien, una vez que el Imperio Romano y Bizantino profesó la fe cristiana, esta elección debía ser ratificada por el Emperador, que otorgaba esta confirmación a través del Exarca de Rávena habida cuenta de que la capital del Imperio se desplazó a Constantinopla.


Tras ensayarse distintas fórmulas mixtas en los siglos IX y X, siglos oscuros y de hierro, en el año 1059 el Papa Nicolás II, uno de los llamados Papas reformadores de Lorena, en referencia a la localidad franco-alemana del mismo nombre, hace público un decreto sobre la elección papal, reservándola a los cardenales obispos, abriéndola a personas no romanas y requiriéndose todavía el asentimiento del clero y del pueblo.

En 1130 comenzó a aplicarse ya de manera definitiva esta normativa, que, en 1179, incluyó, mediante decretal del Papa Alejandro III, la necesidad de que el candidato elegido obtuviera los dos tercios de los votos para que la elección fuera válida.

La clausura del cónclave

Pero no será hasta el siglo XIII cuando como tales nazcan los “cónclaves”. Fueron el clero y el pueblo romanos quienes “forzaron” las cosas a fin de que los cardenales eligieran Papa con celeridad y con consenso.

Y serán en 1216 cuando por la primera vez cierren bajo llave a los lectores. Sucedió en Perugia, en el corazón de Italia, en la capital de la Umbria. Honorio III era elegido Papa el 24 de agosto de 1216, el primer Papa surgido de un cónclave en sentido estricto.

En 1241 el clero y el pueblo romano, encabezados por el senador Matteo Rosso Orsini, entendieron, de nuevo, que era necesario cerrar a los cardenales. Y durante dos meses así estuvieron los electores papales, encerrados en las ruinas carcelarias del Septizonio. De este modo., se buscaba además liberar a la elección pontificia de las ambiciones de Federico II de Suabia. Era el primer cónclave de la historia de la Iglesia, el cónclave para elegir al sucesor de Gregorio IX, el antiguo cardenal Hugolino, protector de San Francisco de Asís y el creador de la Inquisición Medieval. Fallecido el 22 de agosto de 1241, tendría sucesor efímero tan sólo durante doce días, en la persona de Celestino IV.

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El Cónclave de Viterbo

Pero el cónclave por excelencia, el que ha pasado a la historia, es el de Viterbo -hermosa e importante localidad del Alto Lazio, a un centenar de kilómetros de Roma.

Y la historia breve de este cónclave podría escribir así: érase que se era el año de gracia 1268. El día 29 de noviembre de aquel año había fallecido el Papa Clemente IV, de origen francés y en la cátedra de Pedro desde el 22 de febrero de 1265. Los cardenales se dirigen a la citada ciudad de Viterbo para elegir su sucesor. Presiones políticas externas, discusiones bizantinas y ambiciones de la aristocracia romana y de sus candidatos, empiezan a demorar casi sin fin la elección papal.

Transcurren los meses y se cumplen el primer año y ante la persistencia en la sede vacante, el Señor de Viterbo, Alberto de Montebono, hace cerrar herméticamente el palacio papal con los cardenales dentro y utiliza una abertura del tejado para arrojarles comida y bebida bien racionada para forzar la elección, que no llegara, a pesar de ello, hasta el 1 de noviembre de 1271. Por fin, habían encontrado el consenso en la persona del Obispo de Piacenza, Tedaldo Visconti. Será el Papa Gregorio X, quien, entre las primeras medidas de su pontificado, se halla la Constitución “Ubi periculum” de 1275, que regula de modo canónico la clausura de los cardenales para la elección papal y consagra definitivamente la figura del cónclave.

Jesús de las Heras Muela
Director de “ECCLESIA”