martes, 10 de septiembre de 2013

Catequesís sí, clase de religión también (30-8-2013)

CARTA PASTORAL DEL OBISPO. Al comenzar el nuevo curso escolar se realiza la inscripción de los alumnos en la asignatura de Religión que, por cierto, hay que reconocer que en la nueva Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) —con algunas reservas— se puede considerar “positiva”. Todavía se esperan algunas mejoras, especialmente en Bachillerato. También habrá que considerar el estatuto específico del profesor de Religión. Ahora es el momento.
La enseñanza de la Religión en la escuela no es un privilegio de la Iglesia Católica en el marco escolar. Cuando el Estado garantiza la enseñanza de la Religión y moral confesional en la escuela cumple sencillamente con su deber; y fallaría en ese mismo deber para con los ciudadanos —y por tanto para con la sociedad— si no propiciase el libre y pleno ejercicio de este derecho o no posibilitase de manera suficiente su adecuado desarrollo. En estos momentos, es preciso reconocerlo, el ejercicio de este derecho está reconocido y amparado, aunque todavía no de manera enteramente satisfactoria. La enseñanza religiosa se ofrece a todos y en todos los centros, pero no se impone a nadie; en los centros confesionales católicos, la enseñanza de la religión y moral católica es obligatoria para todos los alumnos dado que forma parte sustancial de su carácter propio y su proyecto educativo quedaría mutilado sin la enseñanza de la religión y moral católica.

Los padres y los alumnos habrán de defender y reclamar este derecho que les asiste. Defenderlo y reclamar que se cumpla en todas sus exigencias, en equiparación al resto de las otras áreas de aprendizaje o disciplinas fundamentales, es defender, en su raíz misma, el ejercicio de las libertades fundamentales. Inhibirse o no reclamar todo lo legítimamente exigible en este terreno, vale tanto como dejar libre el camino al recorte de otras libertades y a la desmoralización de la sociedad. Para los católicos, es un deber muy serio y una necesidad grande la formación religiosa y moral en los centros escolares, en los que se forma el hombre y la sociedad de mañana.


Con frecuencia, en ciertos medios y por algunos grupos, se vierte la idea de que la clase de religión es algo a extinguir, un retraso para la modernización de la sociedad que la Iglesia trata de mantener empecinadamente como privilegio particular. Pienso que deberíamos haber aprendido ya que el progreso no está unido al recorte de la libertad religiosa: y recorte sería el que la enseñanza religiosa no poseyese el estatuto propio que habría de corresponderle conforme a la naturaleza educativa de la escuela y a la necesidad de la formación integral de la persona. No caigamos en la trampa de considerar que el tema de la enseñanza religiosa escolar es un asunto privado o de la Iglesia, aunque ella como servidora de los hombres tiene la obligación de promover los derechos que asisten a la persona humana y de trabajar por la humanización integral. Es una cuestión en la que está en juego la persona y la sociedad. La catequesis de la comunidad parroquial y la enseñanza religiosa en la escuela no se identifican, sino que se complementan. La catequesis parroquial no debe ser un doblaje o repetición de la enseñanza religiosa en la escuela. No se oponen, pero tampoco se  identifican, hasta el lugar que se ofrecen son distintos uno en el ámbito escolar y académico y la catequesis es en la parroquia y con los catequistas de la comunidad cristiana.

La enseñanza religiosa escolar estimula a establecer un diálogo desde la fe cristiana entre el Evangelio y la cultura humana en cuya asimilación crítica madura el alumno integrando el conocimiento de la fe en la formación de la personalidad, incorporando el saber de la fe —que es también un saber razonable— en el conjunto de los demás saberes y asimilando la actitud cristiana en el interior de la actitud general del alumno ante la vida. Es una oferta del mensaje cristiano a todos —creyentes y no creyentes—  con vistas a una opción de fe, de modo que los alumnos en situación de búsqueda o enfrentados con dudas religiosas encuentren pistas de reflexión y respuestas; los alumnos no creyentes tengan un cauce, si quieren, para confrontar su situación de increencia con las perspectivas de la fe; y finalmente, los alumnos creyentes pueden integrar su fe en el interior de una cultura profana, alimentarla a partir de ella, purificarla y capacitarse para dar razón de su fe. Así mismo, hemos de recordar que la enseñanza religiosa escolar es imprescindible para conocer y comprender las múltiples manifestaciones culturales y patrimonio artístico de nuestro pueblo relacionadas con la fe católica.

Los Obispos de la Conferencia Episcopal Española queremos ayudar con nuestras orientaciones recientemente publicadas (25-II-2013) a los padres de familia en su hermosa y difícil tarea de educar a sus hijos, a los sacerdotes y catequistas en las parroquias y a los profesores de religión de enseñanza estatal y de iniciativa social, católica o civil.

                             + Ángel Rubio Castro
                                Obispo de Segovia