miércoles, 11 de septiembre de 2013

Emplazados ante un nuevo curso escolar (30-8-2013)

El comienzo ya inminente del nuevo curso es un momento oportuno para recordar la importancia de la Enseñanza Religiosa Escolar (ERE) y para reflexionar sobre las novedades que pueden darse en un futuro próximo. Se trata de una ocasión singular para animar a los padres a inscribir a sus hijos en la clase de Religión y de Moral Católica. Como se sabe, ésta debe ser ofertada en todos los colegios e institutos del país, siendo, por supuesto, voluntaria para los alumnos.

La presencia de la materia de religión es clave para que las nuevas generaciones conozcan no sólo las raíces de nuestra cultura, sino también y sobre todo para que se abran a la vida desde el sentido verdadero que ésta tiene y que descubrimos plenamente en el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.

En este curso se está tramitando una nueva ley de educación: la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE). La norma básica que regula la Enseñanza Religiosa Escolar en España es el Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede sobre enseñanza y asuntos culturales firmado en el año 1979. Allí se especifica que todos los planes educativos incluirán la enseñanza de la religión católica “en condiciones equiparables a las demás disciplinas fundamentales”. La ley vigente o Ley Orgánica de Educación (LOE), menciona este acuerdo únicamente en su disposición transitoria segunda, en donde se hace referencia a la religión católica, “la cual será de oferta obligatoria para los centros y de carácter voluntario para los alumnos”. La ley no especifica qué actividades deben realizar aquellos alumnos que no deseen recibir la Enseñanza Religiosa Escolar, de tal manera que a lo largo de los años se han ido dando diversas soluciones hasta llegar a la actual: la Atención Educativa. Consiste ésta en actividades que deben ser programadas por los centros, pero que en la mayoría de los mismos se concretan en estudio libre de los alumnos o en la realización de deberes. Esta situación resulta injusta tanto para los alumnos que eligen la clase de religión, los cuales pasan a tener una asignatura más que los otros, como para los que optan por la atención educativa, lapso de tiempo en el que no se les imparte ningún tipo de conocimiento.


Pues bien, el anteproyecto de la nueva ley educativa intenta mejorar esta situación anómala con el establecimiento de una alternativa útil para los alumnos que no eligen la clase de religión. En efecto, está previsto que éstos cursen la materia “Valores sociales y cívicos”, en Educación Primaria, y “Valores Éticos”, en Educación Secundaria Obligatoria (ESO). Tanto estas asignaturas, como la propia Enseñanza Religiosa Escolar, serán evaluables, lo que ya sucede con la ley vigente. Sin embargo, se mantiene que en las pruebas finales de Secundaria y Bachillerato no se incluirá la nota obtenida ni en Religión Católica ni en Valores Éticos. Hay que subrayar que la LOMCE habla de la Enseñanza Religiosa Escolar dentro del articulado y lo hace en el apartado dedicado a las así llamadas “Asignaturas Específicas”. Esto contribuye a dignificar una materia que es tan importante para la formación integral de los alumnos. No obstante, existe todavía la posibilidad de mejorar esta nueva ley, que sitúa la Enseñanza Religiosa Escolar entre las optativas de Bachillerato. Con lo cual, pierde ésta el carácter de “asignatura fundamental” que le atribuye el Acuerdo internacional antes mencionado.

En resumen: aun siendo cierto que la ley que se está discutiendo en el Congreso menciona veinte veces la palabra “religión” frente a las dos veces que lo hace la ley vigente, no lo es menos que la referida ley no llega a plasmar totalmente lo que se dice en el Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede, según el cual la Enseñanza Religiosa Escolar tiene el rango de asignatura fundamental.

En el Evangelio de San Lucas aparece una bella página en la que se nos relata el encuentro de Jesús pre-adolescente con los doctores del templo de Jerusalén, centro de la formación de Israel. Allí vemos a Jesús que escucha y responde, aprende y dialoga con todos. Al final del relato, el evangelista apunta que Nuestro Señor “iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2, 52). En esto se resume la experiencia escolar: en la apertura de los alumnos a un mundo nuevo, lleno de posibilidades, en donde la clase de religión juega un papel esencial en la educación de los alumnos.

En un momento en que la educación se torna cada vez más pragmática y en el que la división de los saberes obliga al hombre a enfrentarse a una fuerte crisis de identidad, la clase de religión aporta un saber de índole cosmovisiva  basado en la razón y en la palabra de Dios desde el que es posible abordar los problemas de identidad personal y avanzar hacia la meta a la que todo hombre aspira: el logro de la felicidad, sólo obtenible por el amor radicado en la verdad. Es necesario recordar una vez más a los padres que no olviden matricular a sus hijos en la Enseñanza Religiosa Escolar, en la que encontrarán a profesores bien preparados y bien dispuestos a transmitir a sus hijos el verdadero mensaje que trae la salvación al hombre y que da sentido a su vida, el Evangelio de Jesucristo, que es una persona, la persona del mismo Cristo.

+ Manuel Ureña Pastor.
Arzobispo de Zaragoza.