lunes, 24 de marzo de 2014

¿Por qué ayunar en Cuaresma?

Cuando oímos hablar del ayuno, lo primero que se nos pasa por la cabeza es dejar de comer, lo cual para unos es un verdadero suplicio, pero para otros no es más que una ocasión para perder parte de los kilos que nos pueden sobrar. Por eso nuestro ayuno no consiste sólo en dejar de comer algo, de cumplir la vigilia de los viernes. Todo es insuficiente para Dios si nuestro ayuno no repercute en los más, en especial en los más desfavorecidos.
 
Es más, quizás todos nos debemos plantear si a lo mejor tenemos que ayunar de pensar sólo en nosotros mismos y dedicar tiempo a los demás, ayunar de nuestro mal genio, de nuestra pereza...y dedicarnos más a los demás. Lo que no gasto en mi comida darlo a los demás.
 
El ayuno cobra sentido real si con el aliviamos el ayuno obligado de mucha gente que no se plantean ayunar porque su vida es un ayuno continuo. Y lejos de pensar que el ayuno es una práctica antigua de una Iglesia que no avanza al ritmo del resto de la sociedad, el ayuno se convierte en una práctica muy actual sobre todo en los tiempo difíciles que les toca vivir a muchas familias y que tienen dificultades económicas por culpa de la falta de trabajo y la crisis que sufrimos.
 
El ayuno nos ayuda a crecer en generosidad, y la generosidad repercute para bien en los que peor lo pasan. En resumen, el ayuno es algo importante y cobra especial sentido si es un ayudo verdadero que agrada a Dios. Según el profeta Isaías: «El ayuno que a mí me agrada es que liberen a los presos encadenados injustamente, es que liberen a los esclavos, es que dejen en libertad a los maltratados y que acaben con toda injusticia; es que compartan el pan con los que tienen hambre, es que den refugio a los pobres, vistan a los que no tienen ropa, y ayuden a los demás» ( Isaías 58,6-7).

Rafael Jesús Caro, párroco de Arriate y La Cimada-Los Prados

Fuente: ODISUR