lunes, 7 de abril de 2014

Decálogo Cuaresmal, por Ángel Rubio Castro, obispo de Segovia

Para que en la gran Solemnidad que se avecina nos unamos con mayor fervor a Cristo nuestra pascua, ofrezco este decálogo cuaresmal.

1. Cuaresma cristocéntrica. Cristo es el centro de toda Cuaresma; Cristo en su estado de sufrimiento y muerte a causa del mal y al servicio de nuestra conversión y de nuestro perdón. El centro es Cristo. El camino es Cristo. Otros caminos serán buenos si conducen a Cristo. Otras doctrinas, carismas, devociones valdrán algo si desembocan límpidamente en Cristo. No anteponer nada al Amor de Cristo.

2. Cuaresma contemplativa: Contemplar para escuchar la voz de Dios. Para estar pendientes y atentos a la construcción de su Reino. La vida contemplativa se acerca tanto al misterio de Dios que el mundo no la entiende. La vida contemplativa es fecunda, Dios se comunica en la medida en que el sarmiento está unido a la vid. Cuanto más unidos, más eficacia en el apostolado.

3. Cuaresma pascual: Vivir la cuaresma es caminar hacia la pascua; pasar por la muerte de Cristo hecha en nosotros mortificación o muerte al pecado, conversión penitencial y confesión hasta purificar y aumentar el amor que nos hace vivir según la resurrección de Cristo a una vida nueva.

4. Cuaresma eclesial: Cuaresma vivida en “Iglesia” para sentirnos más “Iglesia”, más comunidad de Cristo. La comunidad es la común unidad de cada uno y de todos con Cristo. La vida comunitaria no consiste en estar juntos o en cooperar para una determinada tarea de carácter social o apostólico, sino en estar afectiva y realmente unidos con Cristo y entre sí compartiendo todo desde los niveles más profundos.

5. Cuaresma sacramental: Redescubrir el bautismo con que fuimos injertados en la muerte y resurrección de Cristo y llenados de su Espíritu por la confirmación. Revisar el sacramento de la confesión para vivirlo desde una actitud penitencial que nos lleve a la reconciliación con Dios, y con los hermanos. Vivencia de la Eucaristía, celebrada conscientemente, desde la fe y el amor.

6. Cuaresma viva y actual: Con el realismo de nuestra propia vida hemos de hacer de los sufrimientos diarios, necesidades, cansancio, soledad, insatisfacción, enfermedad, tristeza, etc. el paso, la andadura y el camino hacia la plenitud gozosa de la vida que debemos ir construyendo ya, y que debemos buscar y esperar más allá de todo.

7. Cuaresma samaritana: Amar de verdad, servir, ayudar, solidarizarse con los demás, especialmente con los que sufren y con los más necesitados. Procurar no agriar más las distancias y divisiones dentro de la Iglesia. Ser fermento de unidad en la fraternidad. Dar sin esperar recompensa y darlo con amor.

8. Cuaresma pobre y rica: No es un juego de palabras dice el Papa, la Palabra de Cristo es la mayor riqueza, siendo rico se hizo pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza (2Cor 8,9). Es la lógica del amor que nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias, es compartir en todo la suerte del amado.

9. Cuaresma evangelizadora: Evangelizar al hombre y al mundo del tercer milenio. Llevar la Buena Noticia a todos los ambientes de la humanidad y transformarla desde dentro, llegando a las raíces mismas de las culturas y de la cultura humana. Y no será posible la Nueva Evangelización, en ardor, en métodos, en expresiones, si falta la vida contemplativa.

10. Cuaresma llena de alegría: Cuando ayunéis, cuando oréis, cuando deis limosna, siempre con alegría evangélica. La alegría cristiana ha de impregnar toda nuestra vida. Debe ser como un signo de nuestra identidad. La celebración de la Cuaresma —camino de la Pascua— ha de provocar en nosotros una experiencia de profunda alegría. Hemos de ser la comunidad de la alegría, el pueblo de las Bienaventuranzas porque creemos en Jesús y conocemos su presencia en medio de nuestras debilidades.

+ Ángel Rubio Castro
   Obispo de Segovia