jueves, 8 de mayo de 2014

Ante la incertidumbre, grandes dosis de ilusión

(Antonio Salas Ximelis)- Tenemos nueva ley de Educación, la LOMCE, elaborada  introduciendo modificaciones a la LOE, nueva ley que ha contado con muchos  detractores. Tenemos ya el Real Decreto de enseñanzas básicas de Primaria. Y tenemos un nuevo currículo de Religión Católica. Todo ello para ser llevado a la realidad de las aulas a partir del curso 2014-15. Y, antes de acabar el presente curso, se atisba un futuro incierto. Sencillamente porque este Gobierno, y más concretamente este Ministerio de Educación, da la sensación de que poco le ha importado el derecho fundamental que reconoce la Constitución tanto en el
artículo 27.2, como en el 27.3, y menos aún respetar el Acuerdo con otro Estado.

La oposición ha tildado al Ministro Wert como alguien que se ha plegado a los postulados de la Iglesia y, sin embargo, cuán de lado ha dejado a la Iglesia y a los millones de padres que cada año solicitan Religión para sus hijos. Este ministro, tan lejano de lo que el PP venía diciendo cuando estaba en la oposición respecto al tratamiento de la Religión e incluso de lo plasmado en la LOCE, ley sí del PP, al situarla como área curricular con dos modalidades, ha dejado perplejos a algunos dirigentes del partido en el Gobierno.
Pero, a pesar de esas voces, han primado los malditos complejos y el no atender ni a la Constitución -sobre todo respecto a la Religión en el Bachillerato-, ni a la consideración que le otorgan los Acuerdos a la Religión, ni la demanda de millones de padres y madres que cada año -y a pesar de las trabas- siguen deseando "la educación religiosa y moral de acuerdo con sus convicciones".
Dejar la Religión como una asignatura específica ha sido un tremendo error. No puede dejarse al albur de las Comunidades y de los Centros su horario y su concreción curricular. Ya hemos visto las declaraciones de algún consejero afirmar que se impartirá el menor número de horas que se pueda.
También considerar que en Religión los alumnos no aprenden valores es otro tremendo error. Y eliminar del Bachillerato la obligación de ofertar la Religión no solo es un mayúsculo error, es y supone vulnerar tanto la Constitución como unos Acuerdos Internacionales que forman parte del ordenamiento jurídico básico, cosa que ha parecido desconocer el Ministerio de Educación. Y todo ello le pasará factura al PP. Es incomprensible que el presidente Rajoy lo consintiera, ya que en tiempos pasados le escuchamos decir otras cosas respecto a la Religión en foros dedicados a esta materia.
Piedras en el camino, los padres que quieren Religión para sus hijos y los docentes de Religión, las encontramos desde la LOGSE. Y, sin embargo, unos siguen eligiéndola y otros impartiéndola con dignidad desde la ilusión. Ilusión que proviene del saber cuánto bien causa en sus alumnos el cursarla. Desde ella contribuimos al desarrollo integral de los mismos.
La tarea no es fácil, pues amparándose en la crisis se producen recortes de jornadas. Los compañeros de los centros nos ven como enemigos usurpadores de horario. Los partidos de la oposición como docentes y materia que echar del sistema educativo. Y, sin embargo, seguro que volveremos a demostrar nuestra profesionalidad y nuestra vocación.
Si fue un milagro que con la LOGSE y luego con la LOE siguiera habiendo un elevado porcentaje de padres y alumnos que la siguieron eligiendo, confiamos en la cordura de la mayoría de consejeros de Educación en cuyas manos está la regulación última de las condiciones en las que se imparta. Confiamos en que la nueva Comisión Episcopal siga reclamando su tratamiento con dignidad, y en especial que se reconduzca lo del Bachillerato. Pero, sobre todo, confiamos en los miles de profesores y profesoras que hacen que sea una materia atractiva, motivadora, y que sus alumnos descubran cómo lo que aprenden en Religión tiene que ver con su vida y les ayuda a ser mejores personas, a relacionarse con los demás de una forma diferente. Y a descubrir cómo la Religión puede dar sentido y significado a sus vidas.
Dejémonos guiar por la ternura de Dios.