lunes, 16 de junio de 2014

¿Cómo hablar hoy de Dios?

Este domingo celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad, de nuestro Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Por eso me parece oportuno intentar responder a la pregunta que, más o menos, todos los creyentes nos formulamos en muchas ocasiones: ¿Cómo hablar hoy de Dios? Y remarco el “hoy”.

En mis tiempos de estudiante, y en los primeros años de ministerio, la cuestión más teórica que se planteaba era como hablar de Dios tras las guerras, los campos de exterminio, al constatar el hambre en el mundo, la trágica experiencia de tantos desastres, la muerte de seres inocentes, las opresiones… Es entonces cuando contemplando a Jesús crucificado junto a los rostros de todos los crucificados de la historia, afirmábamos que Dios es el Dios de la vida, que por ello Jesús, desde la cruz, venció a la muerte y a “sus amigos”, y que dirá la última palabra, que es la Resurrección. El compromiso liberador era la actitud del testimonio.

Pero hoy, cuando hablas de Dios, puedes oír: “¿De quién me hablas? ¿Quién es éste?”. Porque Dios parece ausente de la vida ciudadana, marginado de la cultura, como alguien abandonado en las buhardillas de la historia, y que ahora “no sirve”. Llamémosle secularismo, indiferencia, ateismo práctico, porque nadie se molesta en negar ni luchar… Aun siento el eco de expresiones tales como: ¿Dios, para qué? ¡No lo necesito! ¡Hay otras cosas más importantes que estas historias!”.

¿Cómo hablar o anunciar un Dios viviente y presente en aquellos que lo consideran ausente?

Como contrapunto, otros consideran que invocando “la trascendencia” o “una cierta espiritualidad”, para superar el materialismo más cerrado, se puede sustituir a Dios. De hecho, toda persona puede fabricarse un sustitutivo, dado que la persona es alguien que busca, al haber sido creados a imagen y semejanza de Dios. Tenemos su marca en nuestro ser, y por ello nuestra insatisfacción… ¿Cómo podemos pues, hablar hoy de Dios?

Pues redescubriendo o descubriendo la manera o maneras de cómo Dios se ha dado a conocer.

- Hemos de estar plenamente convencidos que Dios no está ausente ni alejado de cada uno de nosotros. Antes siquiera que nos refiramos a Él, Dios, aun sin ser conscientes de ello, ya nos ha moldeado a su imagen. Toda persona tiene sembrada en su interior la semilla de Dios y por uno u otro camino lo busca, incluso quizás por caminos equivocados.

- De todas formas, debemos tener en cuenta que, aunque lo denominan “Dios”, en realidad, buscan Amor verdadero, Vida sin límites, felicidad, justicia, paz, perdón, respuestas al deseo de que la muerte no sea el último capítulo de una historia empapada de sentimientos, trabajos, sufrimientos, sacrificios, alegrías… Si se ha vivido una muestra, ¿porqué no preguntarse por la plenitud?

- Debemos contribuir a ese tipo de preguntas. Aunque antes de ofrecer respuestas debemos ayudar a cuestionar seguridades, confianza absoluta en el bienestar y en que la tecnología y la ciencia aportarán soluciones definitivas para todo.

- Será entonces cuando aparezca la pregunta que permita alcanzar la solución —léase Salvación— de mi vida y de nuestra vida.

- Y sobretodo, debemos hablar de Dios como lo hacía Jesús, con palabras y con la vida; con un lenguaje fácil de entender que llegue al corazón y cambie la vida.

¡Yo creo en Vos, Señor!

+ Francesc Pardo i Artigas
Obispo de Girona