viernes, 7 de noviembre de 2014

Seis siglos del Concilio de Constanza



(J. M. Bausset).- El 5 de noviembre conmemoramos el VI centenario del inicio del Concilio de Constanza, que tuvo por objetivo acabar con el Cisma de Occidente. El Concilio, convocado el 30 de octubre de 1413 por el emperador germánico Segismundo y el papa Juan XXIII, se realizó entre el 5 de noviembre de 1414 y el 22 de abril de 1418, y se celebró en Constanza, una ciudad alemana muy cerca de la frontera con Suiza.

El Concilio, el que hacía 16 del total de 21 que han tenido lugar, fue uno de los más importantes de la historia de la Iglesia, y con él se puso fin, después de cerca de 40 años de discusiones, al Cisma de Occidente. Y es que tres personas, Juan XXIII, Gregorio XII y Benedicto XIII, pretendían ser el auténtico papa.

Anteriormente, el Concilio de Pisa, el 1409 había depuesto a los papas Gregorio XII y Benedicto XIII y había elegido como papa a Alejandro V, que murió al poco tiempo, siendo sustituido por Juan XXIII. Ahora, los participantes en el Concilio de Constanza, obispos y doctores en Teología y en Derecho Canónico, pedía la abdicación de los tres papas. Por eso, después de renunciar Gregorio XII, los otros dos, Benedicto XIII y Juan XXIII fueron depuestos por el Concilio, que eligió como único papa a Martín V. De esta manera, la Iglesia recobró la unidad visible.

Durante 45 sesiones, el Concilio estudió la unidad y la reforma de la Iglesia de Occidente y la defensa de la fe, ante las doctrinas i proposiciones de John Wycliffe y Jan Hus.

El papa Benedicto XIII, el aragonés Pedro de Luna, aceptó su destitución y dejó Aviñón, para instalarse, con su corte, en Peníscola. Por eso esta ciudad de la comarca valenciana del Baix Maestrat es, junto con Aviñón y Roma, una ciudad pontificia, ya que Pedro de Luna (con la Curia) residió en Peníscola hasta su muerte. Pedro de Luna consideraba legítima su elección, ya que cuado falleció el papa Clemente VII, el cardenal aragonés fue elegido por los cardenales partidarios de él.

Benedicto XIII, que amaba a Montserrat, duplicó sus esfuerzos para decantar a nuestro monasterio a su obediencia, ya que Montserrat, con el prior Vicenç de Ribes, se encontraba adherida a la causa de los papas de Roma. Incuso después del paso oficial de la Iglesia Catalana y de la Corona de Aragón (con el rey Martí el Humano) a la obediencia de Aviñón, Montserrat continuó manteniendo fidelidad a Roma.

Pero con la muerte del prior Vicenç de Ribes (1408) quedó eliminado el obstáculo para que Montserrat entrara en la órbita de Benedicto XIII, cambiando la obediencia a Roma por la de Aviñón. Así, una vez Montserrat pasó a la fidelidad a Pedro de Luna, el papa llenó de privilegios nuestro monasterio y le concedió la independencia respecto al monasterio de Ripoll. El 10 de marzo de 1049, Benedicto XIII nombraba a Marc de Vilalba primer abad de Montserrat, y al día siguiente expedía la bula que transformaba el antiguo priorato en abadía independiente. 

El P. Cebrià Baraut, monje e historiador montserratino, en su obra, "Benedicto XIII y el monasterio de Montserrat", destacaba que el papa Luna, en erigir nuestra abadía, fijó "en doce, el número de monjes, presbíteros, ermitaños y donados" que habíen de residir en Montserrat. Además, el papa otorgó al "abad y a sus sucesores, el uso de las insignias pontificales", y reservó a los monjes "la facultad de elegir al propio prelado".

El contacto de Pedro de Luna con Montserrat se produjo después de su elevación a la cátedra de San Pedro, el 28 de septiembre de 1394. Según el P. Baraut, la venida de Benedicto XIII a Montserrat la relacionamos con la visita que el papa Luna hizo a Barcelona el 1409, con motivo de la bendición del nuevo matrimonio del rey Martí el Humano con Margarida de Prades, el 14 de septiembre de aquel mismo año.

Hace falta recordar que cuando el 28 de octubre de 1958 fue elegido nuevo obispo de Roma el cardenal Roncalli, tomó el nombre de Juan XIII y no de Juan XIV, para hacer ver como el Juan XIII del Concilio de Constanza fue un antipapa.