lunes, 9 de marzo de 2015

De rezar, nada de nada – Por Carmelo J. Pérez Hernández

En sendas ocasiones he tenido que decir a dos personas muy cercanas algo que aún hoy me repugna: “Si quieres aprobar Filosofía, pon en el examen lo que el profesor quiere leer, no lo que piensas de verdad”. Me avergüenzo de mí mismo, pero era evidente que no había otra opción: no cuando se trata de un adolescente y de un talibán de la cátedra. 

Vaya por delante mi respeto y mi admiración por los profesores de la materia. Quienes hoy introducen a los chavales en la aventura de aprender a pensar deberían ser tratados como héroes en esta sociedad tan líquida, absolutamente remisa a especular siquiera con que exista un pensamiento sólido. 

La anécdota, que no lo es tanto, viene a colación de las barbaridades de esta semana sobre la clase de Enseñanza Religiosa Escolar (ERE), la asignatura de Religión de toda la vida. Una de esas lindezas resume el nivel de sectarismo y desinformación que distribuyen los opinadores oficiales: “El ministro Wert convierte la catequesis en una materia evaluable”, espetaron los de Comisiones Obreras y se quedaron tan a gusto. 

Y otro goloso titular para las progresías desinformadas: “La nueva asignatura de Religión obligará a los niños a rezar en clase”. Yo he leído la resolución ministerial con los nuevos currículos de Religión desde la primera hasta la última palabra. Y de rezar en clase, nada de nada. 

Opino que estamos ante un nuevo episodio de histeria mediática y oportunismo baboso. Hay quienes no terminan de enterarse de que vivimos en una democracia. Lo novedoso es que esta camada de nuevos intransigentes está habitada más bien por los que antes eran considerados los adalides de las libertades personales y del respeto a lo diferente. Triste. 

Hay una verdad rotunda: que en la Diócesis de Tenerife el 80,1% de los alumnos de Infantil, el 82,3% de los de Primaria, el 59,1% de los de Secundaria y el 43,3% de los de Bachiller eligen clase de Religión. Y eso a pesar de las ridículas alternativas con las que a menudo se contraprograma. 

E igualmente interesante es que todo lo que se enseña en una sesión de ERE está absolutamente auditado por la autoridad académica, sin posibilidad alguna de “adoctrinamiento fundamentalista o de una clase de teoría política”, como recuerda la Conferencia Episcopal. ¿Pasa lo mismo con otras confesiones y en otros ámbitos? 

Acabemos. Si de verdad buscan excesos, el bisturí habría que meterlo en otras materias y en personas concretas, más que en asignaturas. Y una reflexión: los compañeros y compañeras de UGT, CCOO y STEC, ¿caerán en la cuenta algún día de que los profesores de Religión también son docentes y, por tanto, sujetos a defender en lugar de objetivos a combatir? Pregunto. Y ahora me voy a rezar, que me conviene. 

@karmelojph